El mundo de la música latina está plagado de malentendidos y tergiversaciones escandalosas: se cree, por ejemplo, que Marc Anthony es un gran salsero, que Ricardo Arjona escribe letras profundas, y que Roberto Carlos es un meloso empedernido.
Sin embargo, pocos saben que Roberto Carlos comenzó su carrera como cantante de rock. Era el movimiento de la joven guarda, que a finales de los 60 trajo una brisa de aire fresco a la música brasileña con sus guitarras rebeldes y un delicioso aroma de psicodelia. Junto a otros talentosos artistas como Erasmo Carlos y Wanderléa, Roberto Carlos grabó una serie de discos clásicos, marcados por la excelencia de sus composiciones y la pureza de su visión.
El universo musical del cantante, entonces, es mucho más complejo de lo que parece. Y aunque Roberto Carlos dedicó las dos horas de su presentación el sábado en el Gibson a los momentos más comerciales de su carrera, el concierto reveló claramente el alto nivel de sofisticación que caracteriza a su universo musical. Sí, hay una ingenuidad casi infantil en temas como Jesucristo y Yo quiero tener un millón de amigos. Aun en las manos de una orquesta integrada por 16 músicos con una sección de vientos casi jazzera, los arreglos de estas canciones son elementales, ideales para ser coreados por un público local enardecido, que no había recibido la visita de su ídolo en más de 10 años.
Pero hay que ser seriamente miope para detenerse en los aspectos ingenuos y melodramáticos del cantante.
Porque cuando realizó su transición al pop para las masas de El día que me quieras y Amada amante, Roberto Carlos tuvo la inteligencia de llevarse con él toda la exquisitez musical que había aprendido en su juventud roquera.
Es así que la melodía de Proposta (conocida en español como Yo te propongo) es dulcemente oblicua, creando giros inesperados en cada uno de sus versos. Y el clima sonoro de Detalles es rico y misterioso, expresando la melancolía devastadora de un amor no correspondido con la sutil austeridad de un bolero.
No es un detalle menor destacar que ambas canciones fueron escritas por el mismo cantante (en Erasmo Carlos, Roberto encontró el tipo de colaboración que por momentos sugiere la creatividad espontánea de Lennon y McCartney). Resulta que O Rei es mucho más que un baladista carismático. Es, también, un compositor formidable, sabio e intuitivo
A los 67 años de edad, Roberto Carlos no puede cantar con el vigor que desplegaba en la película O Diamante Cor de Rosa (1970), en la que se lo puede ver roqueando en un club, guitarra eléctrica en mano. Pero su voz continúa siendo melodiosa, y su carisma fue evidente cuando interpretó temas como El cacharrito (con un automóvil inflable en el escenario) y Lady Laura (homenaje sentimental a una niñera de la infancia).
Pese a que sus canciones son mucho más poéticas en el portugués original, Roberto Carlos tuvo que complacer a los miles de fanáticos de habla hispana en el Gibson con las versiones alternas en español. Por momentos, cantó en los dos idiomas dentro de un mismo tema, logrando una interesante yuxtaposición. Hay una magia indescriptible en el pop latino creado entre fines de los 60 y principios de los 70, la época en la que Roberto Carlos, José José y Leonardo Favio grabaron sus mejores discos.
Intermitentemente, el concierto logró recrear ese momento en la historia de nuestra música, cuando una simple canción de amor parecía tener el poder de cambiar el mundo.






Talvez entendi mal, pero La jovem Guarda en español significa Joven Guardia y Laura era el nombre no de la niñera sino de la mamá del artista. El resto son apreciaciones acertadisimas de una persona que sabe degustar e interpretar la música.
Publicado por: Oman | 27/08/08 en 15:44:24 America/New_York